La Ansiedad
La Ansiedad
No soy psicóloga, pero me gusta saber cosas. Creo que no me equivoco al aseverar que la ansiedad es de las enfermedades modernas que, junto al estrés, ataca y destruye a más personas hoy día. Sin importar edad, estatus social o económico, ubicación geográfica y religión.
Según la definición de la RAE, es un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo.
El diccionario Oxford la define como: Estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad.
Y genera manifestaciones tanto físicas (sudoración, palpitaciones) como mentales (obsesividad)
La ansiedad es vivir la vida llena de todo tipo de preocupaciones.
¿Tienes el corazón lleno de preocupaciones? ¿Necesitas un poco de calma? Si es así, no estás solo. Creo que todos en algún momento hemos sido víctimas de ella. Te quiero hablar brevemente de ello...
Tener ansiedad solo significa que eres humano. No quiere decir que eres emocionalmente subdesarrollado, estúpido, estás poseído o eres un fracaso. No significa que tus padres te fallaron, o viceversa. Y, esto es importante, no significa que no eres cristiano. Sí, aun los cristianos batallan con la ansiedad.
En Filipenses 4.4, Pablo ofrece lo que podría ser considerada una «prescripción o receta médica» para la ansiedad y las preocupaciones.
"Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!"
Filipenses 4:4 RVR1960
En otras versiones dice: "Alégrense!". "Estén siempre llenos de alegría!"
¿Pero cómo obedeces este mandamiento? Reconociendo la soberanía de Dios. Las personas controladoras son las más estresadas. Cuanto más tratan de controlar el mundo, más se dan cuenta de que no pueden hacerlo. La vida se vuelve un ciclo de ansiedad, derrota; ansiedad, derrota; ansiedad, derrota. Pero cuando reconoces que el Señor está en su trono celestial le permites que él tome en control. Entonces Dios calma tus temores, no quitando el problema, sino revelando su divino poder y presencia. Tu ansiedad disminuye en la medida que aumenta tu entendimiento de Dios.
La próxima vez que temas al futuro, regocíjate en la soberanía del Señor. Regocíjate en lo que él ha logrado. Regocíjate en que él es capaz de hacer lo que tú no puedes. Llena tu mente con pensamientos acerca de él. Cuando veas los problemas dobla tus rodillas. Intencionalmente llena tu mente de pensamientos sobre tu rey. No te pierdas en los problemas. Atrévete a creer que cosas buenas sucederán. Examina lo que sostiene tu fe, y asegúrate que crees en Dios confiando en que él está en control.
Manejar la ansiedad es como arrancar raíces de la tierra. Algunas de tus preocupaciones tienen raíces profundas y extraerlas es un trabajo difícil. Pero no tienes que hacerlo solo. Preséntale tu petición al Padre y pide ayuda.
El agradecimiento es el medio que Dios usa para dirigir tu enfoque hacia él. La gratitud es un arma poderosa en el arsenal contra la ansiedad, porque te saca de la tierra de los «si tan solo» al reino de los «ya». El corazón ansioso dice: «Señor, si tan solo tuviera esto, aquello o lo otro, estaría bien». El corazón agradecido dice: «Señor, ya me has dado esto, aquello y lo otro. Gracias por tus bendiciones Señor».
El contentamiento basado en Cristo te transformará en una persona fuerte. Te ayuda a darte cuenta de que, como nadie puede quitarte a Cristo, nadie puede arrebatar tu gozo. El fracaso no te puede robar el gozo, porque Jesús es más grande que tus faltas. Las decepciones no pueden robarte el gozo porque, aunque tus planes no se realicen, los planes de Dios sí lo harán. Ni siquiera la muerte puede robarte el gozo, porque Jesús ya ha conquistado la muerte.
Lo que tienes en Cristo es más grande que todo lo que no tienes. Tienes a Dios y a las fuerzas celestiales para monitorearte y protegerte. Tienes la presencia viva de Jesús en tu interior. En Cristo tienes todo. Así que ancla tu corazón a Dios. Trata cada pensamiento ansioso con uno de gratitud.
Las instrucciones finales de Pablo en su receta médica para la ansiedad es meditar en las cosas de Dios. En otras palabras, escoge en qué reflexionas.
Por supuesto, decirlo y hacerlo son dos cosas diferentes. Puedes querer decidir que hoy pensarás solo en cosas que son verdaderas, honorables y justas, aún si eso te cuesta. Pero ¿quién puede en verdad hacer esto?
Hay una manera más simple: sólo aférrate a Cristo. Permanece en él. Búscale como tu fuente de fortaleza y a quien tus pensamientos necesitan obedecer. Lee la Palabra de Dios. Escucha sermones. Adóralo. Pon de lado las distracciones y dedica un tiempo para él. Entiende que, si algo bueno sucede en tu vida, será por medio de Él.

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