El Terreno De Las Emociones


 

“Las Emociones.”

 

Al parecer, luego de muchos días logré vencer mis obstáculos y sentarme nuevamente a escribir. Como siempre, escribo sobre lo que impregna mi corazón de tal manera que me mueve a investigar y luego expresar al respecto.

Esta vez, Las Emociones. Me embarqué en una investigación a la luz de la Palabra sobre este tema, tras percatarme que desde hace unos años he pasado de ser una persona que se reía por todo a ser una persona que se enojaba con facilidad por cualquier cosa.

Hay mucho material al respecto y sigo trabajando en esto, pero quise compartirte mis reflexiones y enseñanzas hasta ahora:

El hecho es, que somos seres emocionales. Es imposible vivir sin ellas pues nos permiten revelar lo que hay en nuestro corazón y nuestra mente. Además, fuimos creados como seres emocionales, hechos a la semejanza de un Dios que, a través de su Palabra las expresa: gozo, alegría, tristeza, enojo.

Ahora bien, ¿somos gobernados por ellas o es posible controlarlas y gestionarlas sabiamente?

La perspectiva de algo real puede producir una emoción real, en oposición se puede experimentar emoción real en perspectiva de una situación irreal. De ahí la ansiedad y la preocupación. Esperar un problema que nunca llega pero que produce emociones reales.

Vivimos en una sociedad que revela que yo debo expresar lo que pienso y lo que siento y pretender controlarlo es coartar mi libertad individual. Haciendo creer que “yo soy como soy y digo lo que pienso y no es mi problema lo que otro diga y piensa, siempre y cuando no se meta conmigo.”

¿Pero qué dice la Biblia? Para mí como cristiana (y honestamente, ante tantas voces que dicen tener la razón) la Palabra de Dios es el único marco de referencia que me interesa seguir e imitar (ya sabes, reducir y simplificar mi vida a vivir para la audiencia de Uno).

La Biblia dice que Jesús se hizo hombre y vivió como tal, mas nunca pecó. (Hebreos 4:15)

Deuteronomio 6:5 y Salmos 100 expresan una vida de sujeción a Dios que incluye las emociones. Dios no espera de nosotros obediencia fría y mecánica, sino adorarle con todo nuestro ser, eso incluye las emociones.

Hay una relación estrecha entre nuestras emociones y el conocimiento de Dios. La vida que agrada a Dios incluye un sano manejo de emociones.

Los pensamientos con los que llenamos nuestra mente jugaran un papel importante en las emociones para bien o para mal. En Romanos 12:1-3 se enfoca en nuestro entendimiento, no en nuestras emociones. Puedo ver aquí la relación tan vinculante y estrecha que guardan entre si mi entendimiento acerca de Dios y su palabra y cómo yo reacciono y manifiesto mis emociones respecto a una situación X en mi vida cotidiana.

“Cada vez que dejamos de confiar en la palabra de Dios, estamos ocupando la mente en otra cosa y siempre es una mentira y va a producir pecado. La razón por la que nos deprimimos y amargamos ante las adversidades es porque en el fondo no creemos que Dios tiene el control, no creemos que Dios nos ama, que está en control.” – Sugel Michelen

Cristo es nuestra identidad, eso no cambia con las circunstancias. La santificación radica en hacer cada vez más estrecha le brecha entre nuestra fe confesional y nuestra fe funcional. Tratar de cambiar únicamente nuestra conducta no funciona porque allí siguen las mismas mentiras. Pero la Palabra de Dios sí nos cambia. (Salmos 119:25, 28)

Es la verdad de la Palabra de Dios quien debe ir en el asiento del conductor de nuestras vidas y no las emociones. Ante una situación que se me presente, obviamente voy a reaccionar, sin embargo, será mi conocimiento de la Palabra de Dios que yo crea, que yo haya asentado en mi corazón; será mi conocimiento de Dios como resultado de pasar tiempo a solas con Él lo que va a determinar cómo me sostenga y mantenga a través de la situación.

¿A quién le vas a creer? ¿A tu aparato emocional que te hace sentir no perdonado o a la Palabra de Dios que dice que si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad? La palabra de Dios está por encima de nuestras emociones, no debemos sentar nuestras emociones en el asiento del conductor. Salmos 103:1-3, el salmista insta a su alma, no se conforma con sentirse como se siente, sino en gestionar la palabra de Dios y así sobrepasar sus emociones equivocadas transportándolas al lugar correcto conectadas a Dios.

¿Qué debe hacer un creyente que no siente gozo en su corazón? No debe fingir, debe recordarse que Dios sigue siendo nuestro gozo y aceptarlo por fe. Enfocándote en las verdades de Dios reveladas en Su palabra, recordar los atributos de Dios hasta que se restaure el gozo.

Cuando no confiamos en el control de Dios, tratamos de asumir ese control de forma pecaminosa.

Si queremos tener una vida estable y seguir avanzando de manera progresiva en nuestra santificación, lo que necesitamos es llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo, llenar nuestras mentes con la Palabra de Dios y creerla, sentar la Palabra en el asiento del conductor y a nuestras emociones en el de pasajero.

En Lucas vemos dos ejemplos opuestos de gestión de emociones. Mientras que Zacarías dudo lo que el ángel de Dios dijo, María se turbó, pero creyó. Creyó la palabra de Dios a través del ángel y se llenó de gozo. Ambos cuestionaron al ángel, es normal y aceptable cuestionar a Dios, pero lo que hagamos luego es lo que marca la diferencia. Creer a Dios marca la diferencia, creerle a pesar de las circunstancias.

Maduramos espiritualmente cuando elegimos creer a Dios sin importar las circunstancias.

 Filipenses 4:8-9. Tus pensamientos son los jefes de tus sentimientos, lo que eliges pensar y meditar controla cómo te sentirás. Tienes que conocer la palabra para que te ayude a revestirte de la verdad. Declarar la palabra y creerla para así cambiar tus emociones.

 En conclusión, aprendí que no estoy condenada a sentir lo que siento sin poder evitarlo o manejarlo. Aprendí que yo puedo decidir estar contenta independientemente de la circunstancia que me rodee porque la palabra de Dios no cambia, Él es inmutable y su amor y fidelidad hacia mí no dependen de mi sino de Él y están para mí 24/7. Aprendí que sin Él es imposible y que, así como no aprendí a ser como soy de un día para otro, no puedo pretender cambiar de un día para otro. Aprendí que el que empezó la buena obra en mi será fiel en completarla, pero yo debo hacer mi parte, y mi trabajo es creerle a Él y no a las circunstancias.

 Puede ser difícil a veces apagar las voces externas o internas, pero recuerda que tú puedes elegir a cuál pones atención.

 Estuvo largo este escrito, solo espero que edifique tu vida, así como ha edificado y enriquecido la mía. Mi aprendizaje personal es que de un tiempo para acá me enojo más porque estoy más inconforme con la vida que tengo en diferentes matices, y doy gracias a Dios por mostrarme esto y motivarme a vencerlo, para que mi estado de ánimo o mis emociones no sean gobernadas por mis circunstancias, sino por mi confianza en su Palabra y mi relación de confianza con El

 

Pronto compartiré otro escrito contigo.💓

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