Seamos Puentes, No Muros.
Qué haces si te enteras que le caes mal a alguien sin razón aparente?
La falta de perdón es un peso que Dios no quiere que
carguemos, es una carga que llega a estorbar nuestra relación con Dios y con
los demás. Al punto que Jesús nos indica que, si al momento de presentar
nuestra ofrenda nos acordamos que alguien tiene algo contra nosotros, dejemos
ahí la ofrenda, vayamos a arreglar la situación y luego la presentemos. (Mateo
5:24). Una conversación el otro día con uno de los líderes de mi iglesia acerca
de este pasaje, me puso a pensar. Esta persona decía que cuando el se da cuenta
que alguien actúa raro con él, a pesar de tener su conciencia tranquila de que
no le ha hecho nada, no se queda con eso; no se hace el loco, no dice: “Ah
bueno, allá él o ella, ese es su problema, yo no le he hecho nada.” ¡NO! Esta
persona nos decía a quienes participamos del conversatorio: “Yo voy donde
esa persona y le digo: disculpa, no sé si hice algo que te molestara, o algo en
mi te molesta, perdóname, me gustaría que nos sentáramos a tomar un café y
conocernos mejor, con la esperanza de mejorar nuestra relación y eliminar la
tensión entre nosotros.” No dijo estas palabras textualmente, pero sí dijo
claro que procura establecer puentes aun con aquellos que al parecer su
personalidad no es afín a la suya. ¡ESTO ME CONFRONTO! Primero porque es algo
que la Biblia dice, pero reconozco que no lo he practicado mucho porque, a
sinceridad, ni me acordaba que estaba ahí escrito; pero también me confrontó
porque creo que se requiere mucha valentía para hacer algo así; además, me confrontó
porque reconozco que requiere gran amor por el Señor y por las almas. Lo que me
lleva al principio de esta intervención: SEAMOS CONSTRUCTORES DE PUENTES.
EDIFICADORES. RECONCILIADORES. PACIFICADORES.
Colosenses 3:13.
Te invito a hacer un ejercicio, al tratar con personas
difíciles: trata de saber más de ellos. De conocer su detrás de escena. Te
sorprenderá la cantidad de personas que hieren sólo porque están heridos, que
son toscos porque nadie les ha dado ternura. Tú dirás que no es tu culpa que
sean como son, tú dirás que no los hiciste lo que son; pero qué bonito sería
ser parte de lo que pueden ser. Qué bonito sería ser recordado como una persona
que reparte flores y no espinas. Recuerda que, de la abundancia del corazón,
habla la boca. Que uno da lo que tiene. ¡Tenemos tanto para dar y muchas veces
dejamos que los estigmas sociales o los paradigmas mentales sean quienes
determinen lo que externaremos, en lugar de la Palabra viva y eficaz que
tenemos dentro!
¡Saquemos del buen depósito de nuestro corazón!
Pronto compartiré otro escrito contigo💓

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